sábado, 6 de junio de 2015

Expectativas, sueños, futuro

Desde pequeños se van creando en nuestras mentes expectativas de como seremos, de como viviremos en el futuro.

Así cuando somos niños,o niñas en mi caso, soñamos y añoramos conocer a nuestro príncipe azul, tener nuestra casa, nuestro auto y que decir de ser madres. Aún recuerdo las tardes que compartía con mi mejor amiga, ordenando el departamento para nuestras muñecas, tratando de hacer vestidos con los retazos de tela que encontrábamos, de las tardes de té o mejor dicho de refresco de limón, de comer un pan con mantequilla y mermelada, de actuar como nuestras sailor´s favoritas. Cuan fácil era soñar a esa edad, verdad!

Pero un día, inevitablemente creces, te das cuenta que lo que pensabas que era el futuro no era tan rosa como lo imaginabas; a veces los príncipes azules se convierten en sapos, tener la casa soñada no es tan fácil, simplemente no te gustan los autos y ser madre es una gran responsabilidad (no es como con las muñecas que cuando te cansabas de jugar las guardabas y ya).

Con el tiempo vuelves a reformular tus sueños debido a que tus prioridades cambian; cambian por las ciscuntancias, por los nuevos sentimientos, por las decisiones tomadas y por las que no también. Puede que te sientas perdida/o, sin rumbo, sin dirección, sin saber bien que es lo que quieres.

Un torbellino de emociones y pensamientos dan vueltas y vueltas dentro de tu mente, te da vértigo y sientes como tus expectativas caen en un profundo pozo. El mundo, las personas te confunden, y lees y relees frases que tratan de decirte que es mejor no hacerte expectativas y vivir el hoy sin pensar en el mañana así no habrá decepciones.

La última vez, no me fue bien teniendo expectativas, es que aún mantenía mis sueños de niña; conocí a mi príncipe azul (o al menos creí conocerlo), hice/hicimos planes, olvidé mi yo y lo convertí en un nosotros pero cuando todo eso se terminó como si nada, de un día para otro el castillo se derrumbó y los sueños se desvanecieron y me quede con la mente en blanco.

Decidí no hacerme expectativas, no más vivir con sueños; pero es inevitable no tenerlas. La otra noche me preguntaron en clase: ¿Cuales son tus planes de acá a 2 años? Y el remolino de emociones y pensamientos rondaron nuevamente por mi mente. ¿Qué es lo que quiero realmente? ¿Estoy bien dónde estoy? ¿Espero algo más? ¿Me quiero volver a enamorar? ¿Podré volver a confiar? Un sin numero de cuestionamientos ante una simple pregunta.

Le dije a la miss que mis sueños están en reestructuración, que circunstancias de la vida y sobretodo del amor cambiaron todo el plan que alguna vez tuve. Y recordé aquel plan que alguna vez soñé ahí en ese momento cuando todo iba "bien": a los 25 me proyecté profesional, esposa y madre. Pero la vida te da sorpresas y te enseña que nada es seguro y que todo se puede ir al tacho de una semana a la otra, de un día al otro, o tan sólo por una simple llamada diciéndote: aquí se termina todo.

Y aprendes de golpe lo que es la vida.

Sobretodo aprendes que tus sueños no deben depender de nadie, no deben estar sujetos a nada ni a nadie, en que tus sueños son eso: TUYOS y de nadie más.

Y aquí estoy casi por cumplir 27, aún sin cumplir muchos de mis sueños, viviendo la vida pero con una nueva visión, esa que me costó algunos años aprender. Tal vez ya no tan soñadora y un poco más escéptica, tal vez ya no tan sensible y un poco más tosca. Tal vez ya no tan niña y más mujer.

Creando sueños, pero ya no viviendo según expectativas. Las cosas simplemente se dan o no se dan, se vive el presente pero se piensa algo para el futuro.




No hay comentarios:

Publicar un comentario